jueves, 11 de octubre de 2007

Ratas




En esta profesión se habla de lo que a nadie le importa, pero no se habla de lo que le importaría a todo el mundo si lo supiera. Por ejemplo: se habla de la Feria de Frankfurt, pero no se habla de la imninencia de un nuevo caso Carmel. Por ejemplo: se habla del idioma, pero no se habla del negocio que presidentes y alcaldes tienen montado en la explotación de párkings por hora o fracción.

¿Por qué no se habla de lo que sí importa y en cambio se habla de lo que no? Pues no tengo ni puta idea, la verdad. Creo que es porque la información se valora más en secreto. Es decir: te pagan más por lo que NO publicas que por lo que publicas.

Lo que publicas cuesta un euro, dividido por los periodistas que trabajan en un diario sale a... poco. Lo que NO publicas, si lo publicas, puede costarte la vida.

El problema es que, hartos de remover mierda, a veces a los periodistas les da por salpicar un poco. Necesitan sacar marrones como sea. Y lo más sencillo es rebuscar en el estercolero de sus compañeros, que también están de caca hasta el cuello.

Así que se ponen a salsear rosadamente en la vida privada de otros periodistas, y les atribuyen mentiras y falta de profesionalidad, los acuestan con sus jefes y políticos, les ponen los cuernos. La cuestión es que, como siempre, hablan de lo que no le importa a nadie.

O lo que le importa a cuatro morbosos incapaces de ver realmente dónde está la emoción: en el subsuelo de este llamado osasis catalán, cuyas aguas en la superficie están tranquilas. Pero que, en el fondo, apestan.

lunes, 8 de octubre de 2007

Mi primer Sitges sin mí


Los cambios de trabajo tienen eso, que de vez en cuando te entra morriña. La causa de mi morriña pasajera (porque ya pasó) tuvo lugar en Sevilla. Allí he pasado el fin de semana, alojada en un hotel de esos que por tener enmoquetadas hasta las bombillas se creen que son más lujosos que ninguno. Ese hotel, un cuatro estrellas alejado del centro, una mole de ventanas y cortinas que se ve desde la autopista, me ha transportado directamente al Meliá de Sitges, un cuatro estrellas de esos que por tener enmoquetados hasta los grifos y tener la habitación forrada de espejos se cree más lujoso que ninguno.

Es en el Meliá donde se alojan los periodistas que van a cubrir el festival de cine fantástico de Sitges, donde tienen lugar las ruedas de prensa con los directores y los actores y en cuyo auditorio se congrega el gremio de reporteros y críticos a partir de las ocho de la mañana para desayunar con zombies, fantasmas y viajes en el tiempo. Lo sé porque he cubierto el festival durante unos años. Hasta 2006.

El festival de Sitges de este año se inauguró el jueves pasado y yo no estaba allí. El jueves yo estaba haciendo la maleta para pasar el fin de semana en Sevilla. Y lo que yo no sabía es que el hotel me transportaría al mismo hotel de Sitges donde por las noches, cuando se apagan las luces, los fantasmas se revuelven entre las cortinas y los zombies acechan bajo la cama.

Lo que yo no sabía es que en Sevilla iba a vivir mi primer Sitges sin mí.

martes, 2 de octubre de 2007

Bonos de llamada


Los periodistas estamos acostumbrados a perseguir, vía teléfono, a los que están detrás de la barrera: jefes de prensa de politicuchos, fuentes que no quieren serlo y animalillos prejuiciosos que huyen a la voz de "¡prensa!". Podemos marcar el mismo número, en una tarde, 40 veces sin sentir vergüenza hasta conseguir la respuesta que buscamos. Electrifica los nervios, pero es lo que hay que hacer. Y punto.

La cosa cambia cuando buscas respuestas en el mundo real. Y empiezan las reglas sacadas de un consultorio de la Super Pop. A saber:
- No llames a nadie el día siguiente de la primera cita
- No escribas un mensaje hasta que el interlocutor te ha respondido el último
- Deja un margen de seguridad entre cada una de tus llamadas (dos días mínimo)

Y hay más. Por eso, cuando quieres llamar a alguien, lo haces a través de los bonos que has acumulado. Por ejemplo, si el interlocutor te llamó la última vez y de eso hace más de 12 horas, tienes siete minipuntos para una llamada (con un mensaje gastarías 4 y los tres que quedan no te servirían para nada, be carefull!). Y la rueda sigue así.

Frustrante. Sobre todo para alguien acostumbrado a darle al botón de rellamada cada cincos segundos, durante una tarde, ininterrumpidamente.

viernes, 28 de septiembre de 2007

Scarlet se casó





Estaba el Equipo T como cada jueves celebrando su Noche T, cuando de repente, Scarlet Ojalá dijo: "Bueno, chicas, que me caso". Joder, a mí se desbravó la cerveza del susto.


Peter Parker y yo nos miramos, conscientes de que teníamos que decir algo, enhorabuena, o guay, o qué de puta madre, o lo siento. Yo qué sé, pero algo. Pasaban los minutos, y nada, nadie se atrevía a abrir la boca. No recuerdo ni qué ponían en la tele, aunque la tele del bar era la única que hablaba.


Por fin me animé y dije: "Y con quién vas a casarte?". Porque, que nosotras supiéramos, Scarlet se inventó un novio un día y le hemos seguido el rollo hasta ahora. Pero de ahí a casarse hay un paso, porque ya me dirás tú el paripé de presentarse sola en el altar, y ponerle un anillo a un tipo que no existe. Eso, claro, si es que había decidido casarse por la iglesia, que no nos lo había dicho. De hecho, tampoco nos había dicho cuándo se casaba.


"El jueves que viene", aclaró. Menuda mierda, nos íbamos a quedar sin Noche T. O no, porque su intención era ir al ayuntamiento, firmar, y volver al trabajo. En cualquier caso, luego haría una fiesta el sábado, y ésa sí que no nos la podíamos perder, porque sería allí donde averiguaríamos con quién coño se casaba -o creía casarse- y qué pasaría después.


La cuestión: que una intrusa pasó a buscarnos a Peter Parker y a mí el sábado por la noche, y nos fuimos las tres tan campantes a la fiesta. Scarlet nos había prometido una y mil veces que la suya no sería una boda al uso, que se casaría de corto y blablablá. Pero cuando llegamos a la casa rural (Peter en vaqueros) nos dimos cuenta de que nos había mentido como una bellaca.


Ahí había gente, y discursitos, y lagrimillas, y corbatas y chalecos y zapatos y (ésa es la cuestión) una música de bodorrio. Incluso había baile inaugural; uno de esos bailes en los que los novios bailan juntos y solos y luego animan a todos los demás a que también bailen. Y vale, Scarlett iba de corto, pero de blanco. De blanco! Y con un palabra de honor con rosas bordadas y el pelo recogido!


En fin, el baile ése de inauguración era de Bruce Springsteen, pero no me fijé mucho, porque no podía quitarle los ojos al novio inventado de Scarlett. Lo que vi fue simplemente impresionante: el novio inventado de Scarlett era real. Real de verdad. De verdad de la buena. Con su carne y todo. Y se movía, y hablaba. Incluso me saludó. Muy fuerte.


Ahí es cuando me di cuenta de que si no me tomaba tres gintónics seguidos me iba a morir en cualquier momento, pero los gintónics (maldita desgracia) los servían de uno en uno.


Aparte de la novia, no conocíamos a nadie más. Ah, sí, mira, allí está nuestra correctora. "Correctora, correctora!", le gritamos Peter Parker y yo agitando mucho el brazo, como cuando ves a alguien y te hace ilusión porque hace mucho tiempo que no le ves. La correctora también agitó el brazo desde lo lejos, se acercó... y creí morir otra vez. Llevaba el puto mismo vestido que yo.


Pero el mismo, el mismo. Igual. Idéntico. Clavado. Diría que de la misma talla y todo.


Entonces me arranqué los tirantes, para disimular, y corrí a la barra a pedirme otro gintónic, que me bebí en trentaiséis segundos, y planeé evitar a la correctora durante toda la fiesta para que nadie se diera cuenta de íbamos vestidas igual, y luego, claro, me pedí otro gintónic e intenté bailar un poco y olvidarme de lo que estaba ocurriendo.


Según Scarlett eso no era una boda, pero sonaba Paulina Rubio, Shakira, Chayanne. Camilo Sesto. Los hombres G. "Freedom" (el tema más surrealista para una boda). En fin, si eso no era una boda, el novio tampoco existía, lo cual era lo que yo había creído hasta entonces. Por lo tanto, no hay nada descartable.


Por el contrario, si eso era una boda, lo lógico era ligar un poco, conocer al hombre de tu vida o el hambre de tu noche. Pero tampoco.


Al final, alguien nos lanzó un ramo. O, bueno, nos lo puso en las manos. Fue la madre de la novia y lo que nos dio era un ramo de centro que pesaba un huevo, y cuyas flores se están marchitando en la mesa de mi comedor. Supongo que a modo de metáfora.


Y ésta es la historia de la NO-boda de Scarlet Ojalá con su novio inventado. Hay que joderse. Amén.

El juego de las diferencias




No hay dos fotos por error. Esto es un pasatiempo. Tienes que encontrar las diferencias: las dos novias parecen iguales, pero no lo son.

Fíjate bien en una foto y en la otra.

¡Fíjate otra vez, con un poco más de atención!

Si te has dejado los ojos en las fotos y no has apreciado ninguna diferencia, es que no has mirado bien en el interior.

Aquí tienes la solución:

-La de arriba acapara todas las conversaciones hablando de su boda y de los preparativos.
-A la de abajo no le gusta mucho hablar de ella, y de cuestiones sobre si las flores del ramo van a ser rosas o blancas, menos todavía.

-La de arriba cree que el día más importante de su vida será el día de su boda.
-La de abajo nunca dejó que ese momento le nublara ni sus otros momentos ni los de los demás.

-La de arriba dejó de ser persona para pasar a ser novia.
-La de abajo nunca quiso dejar de ser persona y le preocucaban más sus cambios laborales y el robo de su casa mientras estaba de vacaciones que contar batallitas sobre la disposición de las mesas.

-La de arriba revienta si no explica que se casa.
-La de abajo se pone roja si alguien lo menciona.

-La de arriba siempre había soñado con ser princesa por un día.
-La de abajo ni siquiera sabía que llevaba a una princesa dentro.

Y ahora viene la adivinanza de verdad: ¿cuál de las dos crees que es Scarlet Ojalá?

jueves, 13 de septiembre de 2007

Pope no puede morir

Si quieres que Pope resucite manda al 7777 el mensaje Popetienequeserpapa.

No servirá nada para nada, porque la muerte no tiene remedio y los guionistas tampoco.

jueves, 6 de septiembre de 2007

Blandiglups


Lo último que mira un lector de diarios es el nombre de quien firma cada noticia. Bueno, eso si lo mira. De hecho, no suele mirarlo nunca, con lo cual, no es lo último que mira, sino lo que no mira. Claro que, visto así, un lector de diarios tampoco mira las líneas que hay por debajo de la segunda línea. Es decir, que podríamos escribir las noticias sin firmarlas y sin poner nada más que dos o tres frases.

En realidad, los únicos que más o menos saben quiénes somos son aquellos profesionales próximos al periodismo. Jefes de prensa, por ejemplo, y gente con cargos por el estilo, rollo "hoy me la chupas y mañana te dejo que me des por detrás" que, día a día, tienen que ponerse en contacto con nosotros mediante casi todo tipo de posturas sexual-vejatorias.

Esos nos han visto de cerca. Nos han visto desde arriba y lo harán algún día desde abajo; nos han visto a cuatro patas, pero también blandiendo el látigo. Y la verdad sea dicha: nos adoran.

Por eso resulta curioso que ni siquiera ellos sepan quiénes somos en realidad.

Hoy mismo, me he encontrado a uno de esos especímenes y me he hecho pasar por una superperiodista experta. Le digo: "Ya me han dicho que te has partido una pierna"

Y el especimen: "No puede ser que lo sepas! Si ha pasado esta misma mañana! Quién te lo ha dicho???".
Y yo: "Por favor! Cómo puedes poner en duda mi profesionalidad!".
Y el especimen: "Pero, pero, pero... ¡si casi lo has sabido antes de que ocurriera!".
Y yo: "Oh, no, por favor! Eso me convertiría en una mafiosa".
Y ella (porque algo así sólo podía pasar con una mujer): "Ya lo tengo, ya lo tengo, ya lo tengo! Te lo ha contado Coco Papel, porque nos hemos encontrado en la escalera y ha visto cómo cojeaba, y te lo ha contado, estoy segura!"
Y yo: "Pues yo tenía entendido que Coco Papel estaba de viaje en Buenos Aires".
Y ella: "Qué va, si desde que empezó a trabajar con nosotros no ha faltado ningún día".
Y yo: "Coco Papel trabaja con vosotros? Yo creí que todavía era mi jefa!"

Entonces se ha hecho un silencio muy denso, como de Blandiblub. La verdad es que ya había olvidado el Blandiblub hasta que ayer Peter Parker me enseñó su nueva gelatina de baño, pero bueno, está bien que lo haya recordado porque el silencio que se ha hecho entre especimen y yo era efectivamente de Blandiblub.

Y ella ha hecho: Blups!

Hace años que el especimen está en contacto con el Equipo T sin saber que el Equipo T existe. Tenemos lo que se llama una "relación profesional". Lo que me pregunto es: ¿siempre ha creído que Scarlett Ojalá era Coco Papel? Cuando hablaba con Scarlett Ojalá por teléfono, ¿creía que estaba hablando con Coco Papel? Cuando Scarlett Ojalá se incorporó a su empresa... ¿pensaba que quien se incorporaba en realidad era Coco Papel?

Porque, de hecho, quien me ha informado de que el especimen se había partido una pierna ha sido Scarlett Ojalá, y no Coco Papel, que está de viaje en Buenos Aires.

Nadie sabe quiénes somos y no somos nadie.

En cualquier caso, hubiera podido adivinar que el especimen se había partido la pierna. Ha mantenido la conversación que he transcrito a la pata coja.

¡Malditas leyendas urbanas!


Una vez oí en algún sitio que en las revistas se vivía mejor. Yo me creé entonces una pequeña pero lujuriosa fantasía: me imaginaba trabajando en la redacción de un mensual, con un horario concreto, con una máquina de café lo suficientemente acogedora como para pasarte horas de tertulia delante de ella y con el tiempo de sobras para trabajar a gusto sin tener una mosca cojonera (llámale hora de cierre, llámale jefe superior persecutorio, llámale x) cuestionando cada movimiento.

Ahora que he pasado los 30, mi fantasía se ha hecho realidad. ¡Y me cago en aquel que dijo que en las revistas se vivía mejor! Es evidente que NUNCA había trabajado en una de ellas (y si lo hizo, debía de ser anual).

Acabo de superar mi primer cierre tras una semana y media reventando el horario y haciendo cafés infernales en un tiempo récord (el justo para pillarlo de la máquina y llevarlo corriendo a la mesa). Y el tema del jefe superior, mejor ni lo comento...

martes, 4 de septiembre de 2007

Cambio y cierre (que no cambio de cierre)

¿Por qué un cierre es igual en Cataluña que en el mundo entero? Yo no he notado ninguna diferencia...

lunes, 27 de agosto de 2007

Presentaciones


Empieza el curso y, aunque en las redacciones de los periódicos ninguna sita pone su nombre en el encerado (mola más que pizarra, eh!) ni aparece un alumno nuevo de intercambio, es el momento de presentarse.

- Hola, ¿qué tal?

- Pues mira, volviendo de las vacaciones. Ya sabes. No me gusta unirme a la masificación de los síndromes postvacacionales, pero algo así es lo que creo que me pasa.

- Ah! Ya pasa... Yo soy la nueva temporada de la radio pública.

- ¿Y te presentas esta semana?

- Sí, y prometo ser la ostia.


Cambie radio pública por teatro de la capital, ciclo de danza o cualquier cosa susceptible de ser presentada. Y es que septiembre no sólo es el mes de las presentaciones, también es el de las promesas. Como las electorales, pero con el subidón de la resaca estival incluído.

jueves, 23 de agosto de 2007

Regreso al cubículo (Segunda Parte)


Desde el Venao, pasando por Los pajaritos y, claro, el Tiburón. La fauna ha protagonizado las canciones del verano de las últimas décadas pero, este año, el rey del calentamiento cerebral no ha sido, ni siquiera, Georgie Dann. Es 'Miracle' (descanse en paz, reza el Obituario REAL), el tiburón que pululaba por una playa de Tarragona hasta que fue capturado, llegó al acuario de Barcelona y murió ante la agonía de media profesión.
Esa es la noticia del verano. Eso es el periodismo.
Yo me hago la maleta y, este fin de semana, me voy al monte. Que aún es agosto y aquí huele muuuy raro.
(Echo de menos al resto del equipo T) Snif!

viernes, 17 de agosto de 2007

Regreso al cubículo (Primera Parte)


Volver de vacaciones nunca es fácil. Porque te puede dar la impresión de que el trayecto es paraíso-infierno, pero nunca viceversa. Sobre todo cuando te plantas en una redacción desértica -el resto del Equipo T está de merecidísimas vacaciones- y tu único contacto con otro ser humano (aunque a veces gruña, dicen que lo es) es a través del teléfono. Entonces te da por darle conversación de más. Y al colgar te das cuenta de que sólo te ha faltado mandarle las fotos de tus vacaciones por mail para convertirte en un chupapópteroenseñaálbumespesadilladespuésdevacaciones.
Desolador

lunes, 6 de agosto de 2007

Hoy quiero confesar...


Yo confieso:

- Que después de casi tres semanas de vacaciones tengo mono. Sí, sí, de trabajar. Que sí, que soy idiota, ya lo se.

- Que he conseguido (aleluya!) desconectar y giro la vista cuando paso frente a un quiosco para no leer ni las portadas de los periódicos.

- Que aun así acabo en el ojo (del culo) de la noticia y si hay inundaciones en Guadix (Granada) pues allí estaba yo ayer.

- Que al grito de ARRR! os envio crónica de los festivales de teatro de Almagro, las noches toledanas en verano, inundaciones y otros desastres naturales (vale Tenerife), las fiestas de Elche y sus quemaduras de tercer grado, la guerra del vino en Jumilla y cualquier otro evento de interés para quienquiera que guste exigirme volver al tajo y salir de una vez de este bucle fiesta-siesta.

- Que las únicas noticias que sigo al dedillo son las deportivas. Los instintos primarios no descansan ni en vacaciones...

- Que ya me he fundido el sueldo de todo el mes (gracias a dios existen los tickets restaurant!).

- Que si hace tiempo que no escribía en este blog era por culpa del alcohol, las tapas que ponen en el sur para acompañarlo, las buenas siestas y las malas resacas.

- Que mis hormonas han atacado a un niño de 20 añitos.

- Que echo de menos las noches en las que mi único estupefaciente eran doce horas de curro sin pestañear. Se suben a la cabeza, lo prometo.

viernes, 3 de agosto de 2007

Entre chips anda el juego


Toda la vida creyendo que los humanos éramos de carne y hueso, con sus venitas, sus músculos, sus órganos vitales y todo eso, y ahora resulta que somos robots —o máquinas—, porque todo el mundo, ante las contrariades, asegura hacer un cambio de chip y todo se arregla.

Por lo que se ve, el chip, cuando te lo cambias, sirve para todo: para amoldarte al ritmo de un nuevo empleo, para soportar que tu pareja te haya dejado por otra, para ponerte de buen humor cuando llueve durante tus vacaciones en la playa o para cenar en casa de tu suegra. El cambio de chip es incluso útil cuando te cancelan el vuelo de un avión o se te rompe el tacón del zapato en plena pista de baile de una boda.

Pero claro, nadie parece haber tenido en cuenta que no somos robots (a lo sumo replicantes de alguien a quien nos gusaría parecernos), sino personas con sangre en las venas. Sangre que bombea un corazoncito (donde se disparan los sentimientos) y que recibe el cerebro (donde nos enseñan a dominarlos). Éste es, de hecho, el único chip que tenemos en el organismo, y yo todavía no he conocido a nadie capaz de cambiarlo por otro.

jueves, 2 de agosto de 2007

¿Quién dijo JA-JA?



En primer lugar, siento mi dilatada ausencia. Supermán no deja de pedirme que haga cosas por él. Oh, sí, chicas, todas sabemos de qué estoy hablando. En fin. El caso es que, aunque como bien dice Scarlet, los periodistas podamos huir de la noticia (aunque las noticias sigan por todas partes, incluido el Polo Norte, precisamente ahora, en tiempos de cambio climático según Michael Crichton), a muchos no nos dejan. Porque si algo tiene esta, por otro lado, apasionante profesión (¿en serio? ¿has dicho apasionante? ¿qué tiene de apasionante sentarse a escuchar a un tipo durante media hora y escribir luego de pe a pa lo que ha dicho? ¿Algún problema? Unos cuantos. Bien, este no es el momento ni el lugar para discutirlos. Oh, claro, perdón), es un sentido de la indecencia que asustaría a una cajera de supermercado. Porque, de muchos es sabido que el periodista trabaja por y para sí mismo, sin ningún tipo de papelucho que le garantice una tranquila existencia (o no existencia, teniendo en cuenta la mínima vida privada que se ve obligado a dibujar entre crónica y crónica y entre cena y desayuno), porque, ¿para qué iba a necesitar él un papelucho? ¿Y vacaciones pagadas? Bah, qué demonios. Qué importa que John Dos Passos las tuviera hace un millón de años, por enviar un par de crónicas a la semana. Irse de vacaciones pasará de moda. Lo hará. Lo hará algún día. Y entonces todos nosotros levantaremos la mano y diremos: JA-JA, como Nelson Muntz. Y nos reíremos del respetable porque todos llegan tarde. Todos menos nosotros, claro. Porque dicen que en la vida todo va y viene, como si en vez de en una pelota azul que da vueltas, estuviésemos montados en un péndulo mágico y estúpido. Así que sigamos disfrutando de aquello que no disfrutan los demás porque están disfrutando en la playa, la montaña o el salón de su casa (como Vila-Matas, que el otro día nos confesó que había abierto una sombrilla en el comedor y se había sentado en el sillón a comer cacahuetes y mirar el mar por la ventana, sólo que el mar le queda un poco lejos, porque vive en la montaña, pero él lo hizo de todos modos). Algún día podremos decir que fuimos los primeros. Y ese día llegará. Asústense, porque llegará. Todo llega y todo se va y todo vuelve a llegar. Maldito péndulo.

martes, 31 de julio de 2007

Cerrado por... ¿vacaciones?


¿Es verdad que un periodista no descansa nunca? ¿Es cierto que un periodista siempre está al acecho de la noticia, aunque esté de campo y playa en un complejo turístico de la Polinesia? ¿Es verdad de la buena que un periodista no desconecta nunca?

Hay algo de cierto en todo esto, pero también mucho tópico barato. De hecho, desconozco en qué periodistas se fundamenta esta rumorología, porque incluso Lou Grant y la rana Gustavo conseguían tener vida privada (el primero cuando salía de los estudios de grabación y el segundo cuando se quitaba la gabardina, atacaba a Peggy y practicaba enérgicamente la diferencia entre dentro y fuera).

Las periodistas cotillas que aquí os cuentan sus secretos sí que descansamos, porque sabemos trabajar como burras, pero también desconectar (para desgracia de Nokia)... aunque no lo suficiente como para desengancharnos del blog. Así que alerta, que ¡agosto no puede con nosotras!

viernes, 20 de julio de 2007

El Jueves

Acaban de retirar 'El Jueves' por su portada. En ella, un tipo que podría ser el Príncipe le da por culo a una tía que podría ser Leti, y le dice: "¿Te das cuenta? Si te quedas preñada ¡esto va a ser lo más parecido a trabajar que he hecho en mi vida!". Lo dice en referencia a los 2.500 eurecos por niño que ha prometido ZP.

Bueno, en realidad el príncipe no le da por culo, porque por el culo no podría fertilizarla. De hecho, ya le costó conseguirlo por el conducto habuitual. Así que seguramente no se traten ni del príncipe ni de la princesa. En cualquier caso, resulta inadmisible que secuestren una publicación sólo porque Letizia se ha visto representada y le parece que la han dibujado con el culo demasiado gordo.

Los polizías van de kiosco en kiosco, retirando la revista. Yo he llegado antes que ellos. Siempre corro más que ellos.

Con la revista venía un suplemento de los 60 gilipollas de la semana. Curiosamente, entre ellos no está el juez Del Olmo, que es quien ha mandado retirar 'El Jueves' del mercado.

jueves, 19 de julio de 2007

De trabajos y reputaciones varias


No sólo puede pasar que toda la seriedad que has intentado transmitir durante los primeros días en tu nuevo trabajo, para hacerte respetar, se derrumbe en un minuto, sino que pasa. Visualicen esta escena y lo entenderán (omito nombres verdaderos para no comprometer a nadie):

Tercer día en el trabajo nuevo. Intentando hacer amigos en la máquina del café (todo el mundo lo hace, porque el café es horroroso pero es el único lugar de interacción posible sin una pantalla de ordenador delante). Llega un chico de esos modernillos (tejanos caídos, gafas de pasta…) y me pregunta: “¿Tú eres amiga de Perica de los Palotes?”. Yo pongo cara de circunstancia. “¿De qué Perica de los Palotes?”, le pregunto. Dice: “Sí, hombre, de la que trabaja en el diario ‘El irracional’”. Digo: “¡Ah, claro, y tanto!”. Y el chico continúa el relato: “Es que tengo una foto tuya. Es de la fiesta de la ediorial esa que da vueltas al mundo”.

En ese momento me pongo blanca. No por el mareo de las vueltas, sino porque en esa fiesta el alcohol corrió que daba gusto… bebérselo. Y me temo lo peor. Efectivamente, lo peor está por llegar. El chico continúa, sin tener en cuenta que no estamos solos, sin tener en cuenta que a lo mejor hay ciertas intimidades que no quiero que se sepan… todavía. “Tú en la foto sales bien, pero yo no tanto…”, se lamenta. Y mis alarmas se disparan: “¡¡¿¿Tenemos una foto juntos??!!”. Y suelta, como si tal cosa: “Sí, es una autofoto, o sea que te abrazaste a mí”.

Es entonces cuando la tierra no te traga, aunque lo desees con todas tus fuerzas. En eso estaba cuando una de las compañeras de trabajo con las que intentaba confraternizar entra a la palestra y pregunta: “¿Y qué tienen de especial las fiestas que monta la editorial ésa que da vueltas al mundo?”. Y el chico contesta, así, tan tranquilo: “Que tienen barra libre”.

Cuando nadie dice nada y el aire se puede cortar, te entran de repente unas ganas horrorosas de ir al lavabo (aunque sólo sea para tener una excusa para esfumarte, ya que la tierra te ha dejado tirada y no se ha digando a tragarte).

miércoles, 11 de julio de 2007

Power

Cuando aplasto latas me siento poderosa

martes, 3 de julio de 2007

La máquina




La peor enemiga de nuestra redacción es la máquina expendedora. Está ahí, con pinta inocente. En realidad, como una fiera a la espera de su presa.


Tú vas, introduces tus 65 céntimos (si eres redactor piensas que quizá esto va a ser lo único que logres meter en todo el día, si eres redactora nunca piensas eso), y decides qué quieres mordisquear.


Los periodistas no sabemos tomar decisiones, por eso siempre la cagamos, por eso tenemos tan mala fama, porque siempre la cagamos porque no sabemos tomar decisiones. Una de las peores pruebas a las que puede someterse un periodista es la de elegir algo de la máquina expendedora. A ver, ¿unas galletitas princesa?, ¿una bolsa de quiconazos crujientes?, ¿una coca-cola light?, ¿unos ositos de gominola?, ¿unos palitos integrales? Es muy duro.


Hace cinco minutos que metiste tus 65 céntimos en la máquina y no sabes por qué optar, cuando llega otro periodista y se pone a la cola.


Los periodistas, además de indecisos, son muy impacientes. Basta con recordar la típica frase de los directores de diario: "lo quiero para ayer". Tú estás frente a la máquina, tienes a otro a la espalda, presionándote, tienes que decidirte. ¿Una bolsa de pipas?, ¿una palmera de chocolate?, mierda, ahora encima han puesto quelitas. Un drama.


Por fin, aprietas un número al azar. El 71. Mal. La cagaste, como siempre. La máquina expendedora arrastra el Kit-Kat hasta el borde del estante donde estaba colocado con esa palanca que tiene en espiral, hace un ruido burleta del tipo: zzzzzzmmmm... y en el último momento, nada. El Kit-Kat se queda enganchado al brazo en espiral. No cae. Y ahí están tus malditos 65 céntimos.


Le das una patada a la puta máquina. Luego intentas levantarla. El periodista que hasta hace un momento te presionaba, detrás de ti, hace amagos de ayudarte. No mucho, para no herniarse. Sus ayudas consisten en murumurar: "puta máquina, siempre igual". A veces finge que sacude la máquina contigo, pero en realidad todos los esfuerzos los haces tú.


Y tú, venga a darle ostias a la puta máquina de los cojones, hasta que hace temblar la pared que tiene detrás y hace un boquete en el suelo.


Por fin, exhausto y fracasado, vuelves a tu asiento. Sin Kit-Kat, sin 65 céntimos, y con el peso de saber que, otra vez, te equivocaste. En esta ocasión, marcando el número de lo que pretendías mordisquear.


Entonces, el periodista que tenías detrás introduce otros 65 céntimos. Si es hombre piensa que tal vez sea lo único que logre meter en el día de hoy; si es mujer, no piensa eso. Le caen, no una, sino dos coca-colas lights.


No esperes una moraleja, porque los periodistas no tenemos moral.