lunes, 5 de mayo de 2008

Pensamientos fúnebres

Llega y dice:

—Cuando supe la noticia, me quedé muerta.

Silencio sepulcral.

Es que no se puede llegar a un velatorio y soltar esa frase. No se puede, y punto.

Pero el cerebro es súper traidor. Cuando uno se prepara mentalmente para ir a un tanatorio o a un entierro, se repite para sus adentros, una y mil veces, que no dirá “me quedé muerto en cuanto lo supe”, “este jersey te queda divino de la muerte”, “si llueve y nos mojamos, nadie se va a morir”, “estás muy constipada, tienes voz de ultratumba” o “ese restaurante no mata”.

Es inútil. Basta que te hayas repetido una y mil veces que no dirás nada de eso, cuando de repente se te escapan las palabras malditas de la boca. Y no puedes hacer nada para cogerlas al vuelo y devolverlas al agujero negro de donde han salido.

El cerebro es ese agujero negro, travieso y maleducado, que envía órdenes a tus cuerdas vocales desobedeciendo las que tú le has dado.

Una putada.

Una jugarreta más de la masa gris, que no se deja domesticar.

7 comentarios:

al dijo...

En un entierro tampoco puedes decir "tierra, trágame".

Scarlet Ojala dijo...

Ni tampoco puedes comentar el último capítulo de 'A dos metros bajo tierra'. Es mejor no tener que ir a ningún entierro...

Sex Luthor dijo...

El cerebro es un hijoputa, porque tú le dices: "olvida a ese gilipollas, olvida a ese gilipollas, olvida a ese gilipollas", y va el cerebro y actúa como eco, y no hay manera de olvidar a ese puto gilipollas.

Está para que lo entierren.

Scarlet Ojala dijo...

¡Abajo los cerebros rebeldes!

al dijo...

Por cierto, ¿habéis visto el último capítulo de 'A dos metros bajo tierra'?

Está de muerte.

Benjuí dijo...

Yo hace tiempo que decidí, dada mi
tendencia natural a meter la pata, no ir a los tanatorios: me trago los funerales, que son más discretos.

iza dijo...

Pues yo, que no soy nada siniestra, pasé una de las tardes más jocosas de mi vida en un tanatorio, todos esos comentarios que decís estaban promovidos por la familia directa de la muerta que seguro estaba descojonandose en su féretro. Si es que no somos nada, y menos en pelotas.