
Empieza el curso y, aunque en las redacciones de los periódicos ninguna sita pone su nombre en el encerado (mola más que pizarra, eh!) ni aparece un alumno nuevo de intercambio, es el momento de presentarse.
- Hola, ¿qué tal?
- Pues mira, volviendo de las vacaciones. Ya sabes. No me gusta unirme a la masificación de los síndromes postvacacionales, pero algo así es lo que creo que me pasa.
- Ah! Ya pasa... Yo soy la nueva temporada de la radio pública.
- ¿Y te presentas esta semana?
- Sí, y prometo ser la ostia.
Cambie radio pública por teatro de la capital, ciclo de danza o cualquier cosa susceptible de ser presentada. Y es que septiembre no sólo es el mes de las presentaciones, también es el de las promesas. Como las electorales, pero con el subidón de la resaca estival incluído.