miércoles, 12 de diciembre de 2007

¿Y si lo que ofende no es verdad?





Dicen que la verdad ofende.

Un día estás en casa, llaman a la puerta, es la puta verdad, que sube por la escalera. Y te dice: "Gorda!". O te dice: "Vieja!". O te dice: "Cada día escribes peor". Incluso: "Deberías dejar de escribir". Y como es la verdad, te la crees.

Entonces te pones a hacer régimen. O no. Y si no lo haces, te sientes culpable, y cada día te ves más y más gorda frente al espejo, y también en el espacio que te deja el pantalón. Te consideras a ti misma una pesada. O te compras cremas para la cara y regalas tu dinero a la poderosa industria cosmética.
O dejas de escribir.

Haces caso a la verdad, porque para algo es cierta y certera. Siempre da en el centro del ego. El ego es una diana fácil; está a unos centímetros de quien dispara.
Además, la verdad tiene crédito. Es decir: que puede pagar tanto como quiera, porque la banca siempre le da más. Mucho más que a ti. Y la hijadelagran te embarga la fiabilidad, la reputación, el prestigio, la garantía... te deja hipotecada de por vida.

El problema es que, muchas veces, nadie se ha planteado siquiera si la verdad es verdadera. O sea: dicen que la verdad ofende. Y algo te ha ofendido. Por eso has creído que era verdad.

Pero eso es una falacia. Una falacia es una cosa que te enseñaban en clase de filosofía mientras tú soñabas que te enrollabas con el profesor en prácticas debajo del eucaliptus del patio y que indicaba:

Si P entonces Q
Ocurre que Q
Por lo tanto, P

P=Verdad. Q=Ofende

Si la verdad ofende
ocurre que te ofende
por lo tanto, es verdad.

Algo así. Eso responde a la lógica y yo siempre suspendí en eso, porque para mí todo es ilógico. Para empezar, la gravedad: un fenómeno que te mantiene con los pies en el suelo no puede ser tan grave.

Pero volvamos al ejemplo Pequoso: Las premisas son verdaderas sin ofender, pero la conclusión es falsa.

Una visita a Wikipedia, ese campo de falacias, dará lugar a la siguiente cosecha:
"Las falacias se usan frecuentemente en artículos de opinión en los medios de comunicación y en política".

Bueno. Sea como sea: ahí está la verdad, ofendiéndote. Porque ofende quien puede, no quien quiere. Y ella puede hacerlo, porque lo dice el dicho: La verdad ofende. Y lo dicho, dicho está.

Y claro, quién pondría en duda la verdad.

La cuestión es que tal vez no se te hayan ensanchado las caderas, sino que ha menguado tu pantalón porque lo metiste en agua caliente. Y lo que ha engordado en realidad ha sido tu ego, porque tú lo vales, y la verdad no lo puede soportar.
O tal vez no es que hayas envejecido, sino que has madurado, otra de esas características que revientan a la puta verdad.

Tal vez escribas cada día mejor. Pero eso quién va a decírtelo. Sobre todo ahora que se descubre que los españoles no saben leer.

En cualquier caso, ahí la tienes, en tu propia casa. Y sería tan fácil cerrarle en las narices. Empujarla para que caiga rodando por la escalerla. Echarla para siempre y que se muera.

Pero por alguna extraña razón, la verdad siempre tiene las puertas abiertas. Y entra.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

No sé si estás vieja o gorda, así que no puedo desmentir a la verdad. Pero lo que sí sé es que cada día escribes mejor y ahí creo que la verdad miente.

Ana C. dijo...

Todas escriben cada vez mejor en este blog. No se aburran.

al dijo...

Sin ánimo de defender, cada vez escribes mejor, y eso que cuando empecé a leerte ya tenías el listón por las nubes. Conclusión: tú te dopas.

adam dijo...

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LULÚ dijo...

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